El Centinela
No sé. Allí no se ven señales de golpes de azada, ni de que el suelo haya sido removido con la ligona. La tierra está dura y apretada, sin carriles de que haya pasado ningún carro. Quien lo haya hecho, no ha dejado huella. Cuando el primer
vigia
vigía de la ma- ñana nos ha dado la noticia, triste asombro se apoderó de todos. El cadáver no se
veia
veía; pero no estaba sepultado, sino cubierto de ligero polvo, como para evitar el sacrilegio. Ni señales de fiera ni de perro que viniese y lo hubiese destrozado se
veian
veían tampoco. Palabras maliciosas susurran entonces por los
oidos
oídos de todos; un centinela acusaba a otro, y aquello hubiera acabado en lucha, sin que hubiera nadie que lo impidiese. Cada uno creía que era el otro el que lo había hecho, y nadie confesaba, sino que todos negaban. Estábamos ya dispuestos a [la prueba de] tomar el hierro candente en las manos y pasar por el fuego y jurar por los dioses que ni lo habíamos hecho ni nos
habiamos
habíamos confabulado con quien lo hubiese proyectado ni con el que lo
habia
había hecho. Por fin, cuando nada nos quedaba ya por examinar, habló uno que a todos nos hizo inclinar la cara al suelo de miedo, porque no
podiamos
podíamos ni contradecirle ni proponerle cómo lo
hariamos
haríamos para salir bien.
Fué
Fue su proposición que se te debía comunicar el hecho y no ocultártelo; ella venció, y a mí, como más desgraciado, tocó la suerte para encargarme de esta hermosa comisión.
Aqui
Aquí me tienes contra mi voluntad y contra la tuya, lo sé; pues nadie estima al portador de malas noticias.
Antigone. Sófocles. Madrid. 1921.
Sponsored by Perseus Digital Library.