El Centinela
¡Rey!, no diré que llego sin aliento por venir de prisa y a todo correr, porque con frecuencia me he parado a pensar, dando vueltas por el camino, si me volvería atrás. Mi corazón me decía muchas veces aconsejándome : «¡Infeliz!, ¿por qué vas adonde la pagarás así que llegues? ¡Desgraciado!, ¿persistes aún? Y si Creonte se enterase de esto por otro hombre, ¿cómo tú no lo habías de sentir?» Revolviendo tales pensamientos
venia
venía lenta y pausadamente; de modo que un camino breve me ha resultado largo. Al fin me
decidi
decidí a llegar a tu presencia; y aunque nada te pueda aclarar, hablaré, sin embargo; pues vengo fortalecido con la esperanza de que no me podrá pasar nada fuera de lo que me tenga reservado el destino.
Antigone. Sófocles. Madrid. 1921.
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