EL CENTINELA
Señor, para los hombres nada hay irrevocable, porque la reflexión modifica el primer pensamiento. Cuando a duras penas hubiera creido yo volver aqui, por las amenazas con que me helé de terror entonces [pero porque la alegria súbita e inesperada no tiene comparación con ningún otro placer, vengo, aunque sea faltando a mis juramentos], con esta muchacha, que ha sido sorprendida cuando preparaba la sepultura. Ahora no se han echado suertes, sino que mio es, y no de otro, este mensaje. Y ahora, ¡oh señor!, que aquí la tienes, interrógala a tu gusto y júzgala; que yo, en justicia, quedo absuelto y libre de este crimen.
Antigone. Sófocles. Madrid. 1921.
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