Creonte
Calla, antes de que me llenes de cólera con tu discurso; no descubras que eres mentecato y viejo a la vez. Porque dices lo que no se puede aguantar, al indicar que los dioses tengan cuidado de lo que a ese cadáver se refiere. ¿Cómo ellos, honrándolo como a un benemérito, pueden haber sepultado al mismo que venia a incendiar sus templos asentados sobre columnas, y sus ofrendas, y a destruir su país y su culto? ¿Has visto jamás que los dioses honren a los malvados? No es posible; sino que algunos ciudadanos, que hace ya tiempo llevan esto a mal, murmuran de mí; y sacudiendo en secreto la cabeza, no tienen a bien sujetar su cerviz al yugo para complacerme. Por ésos, lo sé muy bien, inducidos otros por los premios que les han ofrecido, han hecho esto. No ha habido entre los hombres invención más funesta que la del dinero : ella devasta las ciudades, ella saca a los hombres de su casa, ella los industria y pervierte sus buenos sentimientos, disponiéndolos para todo hecho punible; ella enseñó a los hombres a valerse de todos los medios y a ingeniarse para cometer toda clase de impiedad. Pero los que dejándose corromper por el dinero han perpetrado esto, lo han hecho de manera que con el tiempo pagarán su culpa. Porque tan cierto como Júpiter obtiene todavía mi veneración —
fijate
fíjate bien en esto; te lo digo con juramento —, si al autor de ese enterramiento no me descubrís y presentáis ante mis ojos, la sola muerte no será bastante para vosotros, que seréis colgados vivos hasta que me denunciéis al culpable; para que, advertidos, saquéis provecho en adelante de donde sea lícito sacarlo, y aprendáis que no debe uno querer lucrar en todo negocio. [Pues por mor de ilícitas ganancias, más hombres verás perdidos que salvados.]
Antigone. Sófocles. Madrid. 1921.
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