CREONTE
Pues has de saber que los caracteres, cuanto más pertinaces, ceden más fácilmente; y muchas veces verás que el resistente hierro cocido al fuego, después de
frio
frío se quiebra y rompe. Con un peque- ño freno sé yo domar a los enfurecidos caballos; pues no debe ensoberbecerse quien es esclavo de otro. Y ésta sabía, en verdad, la insolencia que cometía al desobedecer las leyes decretadas. Insolencia cuando perpetró el hecho, y nueva insolencia cuando se envanece de haberlo cometido y se
rie
ríe. Ciertamente, pues, que ahora no sería yo hombre, sino ella, si tanta audacia quedara impune. Y aunque sea hija de mi hermana, y aunque fuera el más próximo pariente de todos los que en el patio de mi casa se
reunen
reúnen en torno de mi Júpiter protector, ella y su hermana no escaparán de la muerte más ignominiosa. Porque a aquélla, lo mismo que a ésta, acuso como autora de este sepelio. Llamadla, pues, que dentro la vi hace poco, llena de rabia y fuera de sí misma; porque la conciencia de aquellos que nada bueno traman secretamente, suele acusarles de su crimen antes de que se les descubra. Y sobre todo detesto al que, sorprendido en el crimen, quiere luego adornarlo con especiosos razonamientos.
Antigone. Sófocles. Madrid. 1921.
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