HEMÓN
Padre, los dioses han dado a los hombres la razón como el mayor bien de todos los que existen, y yo ni podría ni sabría decir que no hayas hablado con rectitud. Pero la cosa, sin embargo, puede que parezca bien vista de otra manera; y yo, que soy tu hijo, debo considerar todo lo que pueda alguien decir, tratar o murmurar de ti; pues tu aspecto infunde tanto
terror-
terror al ciudadano, que no se atreve a decirte aquello que tú no gustes
oir
oír. Pero a mi me es fácil
oir
oír lo que en secreto se dice; cómo llora la ciudad por esta muchacha, que, entre todas las mujeres, no merece de ninguna manera morir ignominiosamente por su
gloriosisima
gloriosísima hazaña. La que a su propio hermano, muerto en la pelea, no quiso dejar insepulto para que fuese pasto de los voraces perros ni de ninguna de las aves, ésa, ¿no es digna de obtener una gloriosa recompensa? Tal es el rumor que silenciosa y secretamente corre. Para mí, padre, no hay ninguna cosa que me sea más estimada que el que tú vivas feliz. ¿Pues qué mayor dechado de gloria para los hijos que la prosperidad del padre, o para el padre que la de los hijos? No te obstines, pues, en mantener en ti, como única, la opinión de que lo que tú dices es lo razonable, y no lo que diga otro; porque los que creen que solamente ellos poseen la
sabiduria
sabiduría, la elocuencia y el valor que no tienen los demás, ésos, al ser examinados, se encuentran
vacios
vacíos. Porque al hombre, por sabio que uno sea, no le es vergonzoso el aprender muchas veces, ni tampoco el no resistir más allá de lo razonable. Tú ves en los torrentes invernales que cuantos árboles ceden, conservan sus ramas; pero los que resisten, son arrancados con sus mismas raíces. Asimismo, el que atesando firmemente la bolina no quiere ceder, hace que zozobre la nave y navega en adelante en las tablas. Cede, pues, y da largas a tu enojo. Pues si algún consejo, a pesar de ser tan joven, me asiste, afirmo yo que seria lo mejor que todo hombre naciera henchido de
sabiduria
sabiduría; pero que como esto no suele suceder así, bueno es aprender de los que bien te aconsejan.
Antigone. Sófocles. Madrid. 1921.
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