Los dioses, padre mío, han dotado á los
hombres de la razón, el más precioso sin duda de todos los bienes. Si ella acaba de hablar por tus labios, no soy yo quien puede ni quiere negarlo. Pero como algún otro pudiera también pensar con no menos prudencia, deber mio es expiar en interés tuyo euanto con relación á tí se hace ó se dice ó se murmura. Los eiudadanos atérranse ante tu presencia y no se atreven á pronunciar palabra temerosos de irritarte; pero á mí me es fácil recoger sus secretas conversaciones y sé euanto llora Thebas la suerte de esa joven
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. ¡Una doneella, la más inoeente del mundo, por una aceión que merece toda alabanza, ha de ser castigada eon muerte tan horrible! Pues qué, ¿no es digna de admiración una joyen que no consiente que quede insepulto, y para ser presa de los perros y de los buitres, el cadáver de un hermano, que sucumbió en el combate? Tal es el secreto sordo rumor, que circula por el pueblo. En cuanto ¿4 mi, no encuentro bien más
precioso que tu prosperidad: pues ¿qué honor más grande para un hijo que la gloria de su padre, ni para un padre que la de sus hijos? Por esto, pues, te ruego que no te ciegues, ereyendo solo bueno tu modo de sentir y no otro alguno: los que pretenden poseer solos la prudencia, la elocuencia y la razón, puestos en evideneia, se ve muy frecuentemente que no las tienen. El hombre, por sabio que sea, jamás debe ruborizarse de aprender, y no debe llevar la contra más allá de lo razonable. El árbol flexible, azotado por el engrosado torrente, se conserva con su ramaje; pero ¡ay! aquel que resiste, se ve arrancado de cuajo hasta la raíz: tal el que se obstina en navegar á vela desplegada contra viento y marea, encuóntrase después, mísero náufrago, obligado á bogar sobre los pedazos del esquife destrozado. Calma tu cólera, padre mío, y revoca tu deereto, A pesar de mi juventud erco poseer alguna reflexión, y opino que el primero de los mortales es aquel en el que abunda la sabiduría; pero también juzgo que en los casos en que nuestra razón se halla ofuscada (como acontece frecuentemente) bueno y honroso es el aprender de los que hablan con prudencia.